LA BUSQUEDA
Mi búsqueda comenzó cuando tenía 7 años. Entonces, mirando el cielo de la ciudad de Cali en las noches estrelladas, me preguntaba: ¿qué habría más allá de esas estrellas en aquel espacio oscuro maravilloso e infinito? Y ¿Dios, estaría en algún lugar ahí?
A los 10 años, cuando mis padres me trajeron a vivir a Bogotá, conocí al mejor amigo de mi infancia y su padre, quien pertenecía a la Sociedad Teosófica, me regaló dos libros muy interesantes: “La voz del desierto” y “Acción y Reacción”. Estos me motivaron muchísimo y despertaron mi interés por los temas esotéricos. Algunos años después conocí la escuela Rosacruz, la metafísica, el espiritismo y conocí también en 1991 a una chamana quien me prepararía durante un año y medio en la montaña para lo que vendría después en mi búsqueda espiritual.
En el año 1.994, cansado de buscar inútilmente una respuesta a mis inquietudes, decidí quemar 50 libros de filosofía esotérica y de metafísica que había en mi biblioteca, pues consideraba que no me habían servido para nada. Por aquel entonces pensaba: ¡Dios no existe! ya que nada de lo que he vivido y aprendido, ni siquiera las religiones, me lo han mostrado. Más tarde, ya más calmado, pensé que todas las experiencias vividas y aprendidas me habían servido para darme cuenta de que, en adelante, no me servirían más. Uno no se lleva la escalera que le ha ayudado a subir a otros niveles. Simplemente agradece y la deja atrás. Entonces ¿qué hago? me pregunté. La respuesta se presentó un mes después de haber renunciado a mi conocimiento mental, cuando conocí a un hombre iluminado. Un Buda viviente, quién me dijo: “Lo que tu buscas no está fuera de ti, sino dentro de ti mismo”. Me contó sobre su Maestro quien vivía en Inglaterra y quien lo ayudó a llegar a ese estado de superconciencia a través de su Gracia. Me contactó con el grupo iniciático en Colombia que preparaba a otras personas para la iniciación y la iluminación.
En este grupo comencé mi proceso para la primera iniciación, que recibí en 1.996, la cual describiré más adelante, al igual que el despertar en 1.999.
Cuando empecé mi proceso de preparación, mi consciencia se comenzó a expandir de una manera tal, que lo único que podía sentir era asombro. Comencé a darme cuenta por mí mismo, que siempre, desde el comienzo de la historia de la humanidad, hemos sido programados y manipulados por un sistema social, económico y religioso al cual obedecemos sin reserva, como animales de circo bien amaestrados. Hemos sido educados para obedecer y hacer obedecer a otros, bajo la premisa de que debemos cumplir con un deber, y no nos damos cuenta de que respondemos automáticamente a estímulos enseñados por otros desde nuestra infancia. Es decir, estamos dormidos y completamente ciegos a la verdad sobre la vida, el universo y la verdadera espiritualidad.
PREPARÁNDOME PARA LA INICIACION
Los verdaderos caminos iniciáticos son tan antiguos como la humanidad misma y sus enseñanzas han sido transmitidas por maestros perfectos. Estos senderos han existido en Los Himalayas, en Egipto y en todo oriente como también en nuestra cultura americana.
El nombre de la escuela iniciática a la cual me llevó el adepto iluminado que mencioné anteriormente, es el Camino Espiritual de La Luz, el cual está organizado en pequeños grupos en varios países del mundo.
Comencé entonces mi preparación y aprendí los diferentes tipos de meditación. Durante 3 meses medité en la respiración, después me dieron un mantra individual para meditar en él. Un mantra es una serie de sonidos impregnados con la energía de un maestro que sirve para centrar la atención durante la meditación. De esta manera, la mente comienza a aquietarse poco a poco, y los vehículos, de los que habla el ocultismo que conforman el ser humano, comienzan a alinearse para recibir la energía de la Gracia del Maestro perfecto en la primera iniciación.
Finalmente, después de muchas dudas empecé a sentir en mi corazón que Ishwara era el maestro que había buscado durante 30 años y decidí iniciarme con Él. Después de este año de preparación, el maestro decidió enviar un adepto iniciador, a quien había dado un aura especial para transmitir su Gracia y dar iniciaciones. De esta forma el Maestro lleva a sus discípulos a los diferentes estados de consciencia; el adepto se convierte en un canal de la energía maestra.
Durante la primera semana de agosto de 1.996, de los 18 aspirantes que habíamos estado en preparación, fuimos escogidos 12 para la primera iniciación y el día 10 se llevo a cabo una sencilla ceremonia iniciática
LA PRIMERA INICIACION
El día 10 de agosto llegué temprano en la mañana, junto con los demás aspirantes, a la sede de mi camino espiritual. Me senté a meditar y cuando el adepto me ungió con la gracia del Maestro no experimenté nada extraño, me pregunté si eso era todo. En fin, pensé, nunca he sido un clarividente, y entonces recordé lo que me habían dicho, que lo más importante no era ver fenómenos, sino la expansión de conciencia que me iba a ocurrir a partir de aquel momento.
Continué meditando y de pronto empecé a ver unas líneas de luz en perspectiva hacia lo infinito. Lo más asombroso fue que podía ver arriba, abajo, adelante y atrás, con una visión multidimensional que jamás había experimentado. Comencé a desplazarme lentamente hacia lo infinito y de repente, la velocidad se aceleró como a la velocidad de la luz y el universo estalló ante mi visión interior en millones de estrellas y soles de mil colores. Me sentía libre, volando por este universo de luz maravilloso. De pronto, todo ese bello espectáculo se detuvo y tuve la sensación de que venía de regreso. Vi desde lo alto una ciudad de luz con formas geométricas llenas de miles de puntos luminosos. Después vi una luna llena plateada que se agrietaba y se partía en dos.
Posteriormente vi la luz blanca de los iniciados que es como el resplandor de cien soles, tal como lo describe Krishna en el Bhagavad- Gita. Un clarividente puede observar como el aura de un iniciado se expande y explota en miles de colores.
El milagro de la iniciación ocurre por la Gracia del maestro perfecto quien detiene por unos segundos el movimiento de la mente y el discípulo puede ver interiormente, lo que hay más allá de esta, en los planos espirituales más sutiles. Nuestro camino comienza donde termina el de muchos yoguis que han meditado toda su vida.
Después de la iniciación en la luz, siguió la del sonido. Cuando el adepto me ungió de nuevo, el sonido del universo estalló en mi cabeza; es algo que no puedo describir con palabras porque está fuera del alcance de todo lo conocido por el hombre. Sencillamente fue algo indescriptible. Durante cinco días no pude dormir bien, porque este sonido era demasiado fuerte pero maravilloso al mismo tiempo. También sentí que se me activó el chacra del base llamado el chacra kundalini y comencé a sentir un calor impresionante que me duro varios días. Sentía que me estaba quemando, pero poco a poco fue pasando y el sonido se fue graduando hasta oírlo de manera confortable.
Esa hermosa luz, que vi durante la iniciación, es permanente en los iniciados, lo mismo que el sonido; aún hoy medito en ellos diariamente. Recordé en aquel entonces las palabras del Génesis que dicen: “En el comienzo era la nada y solo habitaba el verbo (el sonido) y el verbo era Dios y dijo hágase la luz y la luz se hizo”. Luz y sonido son lo mismo y son la primera manifestación de Dios en la forma. Eso es lo que somos realmente en esencia.
Durante tres años continué con mi proceso espiritual, adquiriendo cada vez más consciencia, dándome cuenta de muchas cosas, enseñando a otros en talleres de meditación basándome en mi vivencia personal y preparándolos para que pudieran vivir la misma experiencia.
Al comienzo, lo más difícil fue enfrentarme a las máscaras psicológicas que había fabricado durante mi existencia y no poder huir para crear justificaciones; lo único que se puede hacer es aceptarse como uno es y con la consciencia, que se comienza a desarrollar, cambiar algunas actitudes que pueden dañar al prójimo. Uno comienza a romper todos los esquemas y preconceptos que trae desde la niñez, esta parte es muy dolorosa para el ego y se convierte en la prueba más dura. En esta primera etapa del viaje espiritual, uno comienza a darse cuenta de lo que no es (el cuerpo, las emociones, la mente y toda la programación social y cultural que han introducido en nuestro cerebro).
Frecuentemente tenía expansiones de conciencia y en ocasiones veía el mundo y la gente como una película de dibujos animados y marionetas. Comencé entonces a entender la vida, pues la luz y el sonido son mi maestro interno y en cada meditación me enseña algo nuevo.
Lo realmente importante en este camino es tener a un verdadero maestro viviente que pueda dar la Gracia para ayudarnos a trascender la ilusión de la forma, porque los maestros muertos ya no nos pueden ayudar. A este camino también se le llama el yoga de la luz y el sonido y la encarnación física del maestro se llama John quien actúa como una interface para traer a este plano la Gracia divina y lograr el milagro de las iniciaciones y la iluminación. Las tradiciones iniciáticas de oriente siempre han dicho que solo se puede realizar a Dios a través de la Gracia de un maestro perfecto. Krishna en el Bhagavad-Ghita dice: NI procesiones, ni obras de caridad, ni ayunos, ni la lectura de libros sagrados ni autoflagelaciones, te llevan a la realización de Dios. Solamente la Gracia de un maestro perfecto encarnado puede lograrlo.
Lo único que nos pide el maestro para darnos cada una de las iniciaciones y llevarnos a estados superiores de conciencia, es que meditemos mucho y sirvamos a otros.
Preguntas trascendentales
Después de meditar por un tiempo en la Luz y el Sonido divinos, podrás encontrar las respuestas trascendentales que muchos seres humanos se han hecho durante toda su vida, tales como:
. ¿Quién soy yo?
. ¿Por qué estoy aquí?
. ¿Para dónde voy?
. ¿Cuál es la razón de mi existencia?
. ¿Qué pasará cuando muera?
Oportunidad única
Esta es una oportunidad única que quizás 8 mil millones de personas nunca tendrán. Pregúntate porque has llegado hasta aquí; quizás sea el grito lejano de tu alma que te está diciendo: ¡es hora de despertar, despierta!
Atrévete a comprobarlo por ti mismo
Te esperamos con inmenso Amor.
Om Shanti.